jueves, 25 de diciembre de 2008

Camina siempre con el viento a favor y los semáforos se abren a su paso; o se cierran, si adivinan que le apetece cruzarlos en rojo. Y no es la primera vez que un perro deja a su dueño desamparado y agitando inútilmente una pelota de goma para seguirlo, con el rabo entre las piernas, marcando respetuosamente las distancias.

jueves, 2 de octubre de 2008

Fragmento de "Las invasiones bárbaras", de Denys Arcand

"- Contrariamente a lo que la gente cree la inteligencia no es una cualidad individual. Se trata de un fenómeno colectivo, nacional e intermitente...
- Vaya, una nueva teoría...
- Absolutamente. Atenas, 416 a. C. Estreno de "Electra" de Eurípides. En las gradas, sus dos rivales, Sófocles y Aristófanes; y sus dos amigos, Sócrates y Platón. La inteligencia estaba allí.
-Tengo algo mejor: Florencia, 1504, Palazzo Vecchio. Dos muros opuestos, dos pintores. A mi derecha, Leonardo da Vinci; a la izquierda, Miguel Angel. Un aprendiz, Rafael, y un mecenas, Nicolás de Maquiavelo. ¡Forza Italia!
- Filadelfia, EEUU, 1766-1787. Declaración de Independencia y Constitución de los Estados Unidos...
- "Cuando en el transcurso de los acontecimientos de la Humanidad"...
-... Adams, Franklin, Jefferson, Washington, Hamilton, Madison... Ningún país ha tenido tanta suerte.
- Yo nací en Chicoutimi, Canadá, en 1950.
- Es un milagro que no seas más gilipollas."

miércoles, 9 de julio de 2008

Sensación extraña

Yo más que nadie me doy cuenta de lo enfermizo que es (aunque A. también lo sabe) cómo me apego a las rutinas: por ejemplo, llevo en torno a tres años comprando el País todos los viernes, aunque en ocasiones ni siquiera lo ojeo; durante este año, además, adquirí la costumbre de ir colocando los números pasados en un cajón. Con el tiempo éste acabó llenándose, de manera que saqué los periódicos viejos y formé con ellos un montón que puse en una esquina de la habitación en donde molestaba tangencialmente el paso y las maniobras, y comenzó a acumular polvo y a crecer , sin ningún motivo en particular, viernes a viernes.
También padezco, sin embargo, ciertos arranques volcánicos e irracionales en los que me veo obligado a tomar decisiones drásticas, como el que tuve cuando resolví deshacerme de los 20 números del País que laboriosamente había estado acumulando durante todo el año, sin ninguna excusa que lo justificase (esto es, sin haberme tropezado con ellos o haberme sobrevenido una alergia repentina al polvo).
Y es muy fácil, muy justificable, tirar un periódico que tiene seis o siete meses; no lo necesitas para nada. Pero en el momento de hacerlo no fui capaz, y me reconozco débil: no entiendo qué vi en las parrillas de televisión de días pasados, o en las previas de partidos que a duras penas recordaba cómo habían quedado, pero en todo caso no conseguí desprenderme completamente de ellos, y al final, negociando conmigo mismo acabé por aceptar tirar los periódicos a cambio de conservar la última página de cada número, en la que Juan José Millás publica su columna semanal.
Comoquiera que de todas formas no es muy lógico guardar veinte hojas huérfanas de periódico, en otro arranque inesperado hace dos días me decidí a tirarlo todo; pero de nuevo me pareció demasiado drástico y acabé por convencerme de repasar todas las columnas y escribir concienzudamente los hallazgos que me fuese encontrando en ellos.
Y así empecé por tanto a pagarme mi rescate autoimpuesto:
"Somos tan hijos de la carne y de la sangre como de los raskolnikofs y de los bartlebys, por no hablar de los Soprano (...) Desde que el mundo es mundo, mientras unos amasan el pan que comemos por la mañana, otros urden las historias que devoramos por la noche. Estamos hechos de pan y de novelas."
Este texto estaba bien; fue el primero que decidí conservar. Después de él, sin embargo, encontré otros tres artículos ("La columna", "Masoquismos" y "Ser rey"), que no supe cómo trocear: o los conservaba enteros o no tendrían ningún mérito en particular. Y a parte de ésos, a la hora de ponerme a teclear aquí ninguno más parecía justificar el esfuerzo.
Con lo cual me encontré con un único texto de tres líneas, y me asaltó el sentimiento de que, para haber sido destilado de 20 hojas, que a su vez venían de un total de unas 800, no había mucho que salvar. Si al final del alambicado proceso de búsqueda de lo esencial, lo único que conservaba era el párrafo anterior, que está bien escrito pero no resulta particularmente inteligente, ¿qué sentido tenía? ¿Por qué conservar éste y no cualquier otro, cualquier noticia, o incluso nada en absoluto?
Si ya había desechado el periódico por quedarme con la hoja, la hoja por el artículo, el artículo por el fragmento... ¿Por qué no seguir? Quizás todo lo verdaderamente perdurable de mi colección de periódicos era un punto, o quizás una vocal acentuada...
He estado pasando hojas, leyendo por encima los artículos de Millás mientras pensaba que la gracia está en el conjunto, y que de la misma manera que sus libros nunca me gustaron del todo hasta que leí "El mundo" porque los compacta (porque los libros de Millás nacen y mueren en la ocurrencia y nunca cuentan grandes historias de iniciación o de superación personal; y la única manera de entenderlos es como parte del total de su literatura, y ésta a su vez como parte de su mundo interior), quizás sería entonces necesario mantener laboriosa y pacientemente una colección de números del País, durante 10 o 12 años por ejemplo, para que juntos y compactados formen un mapa de la sociedad o de la realidad.
Pues en esas estaba cuando me he estrellado contra el último de los artículos que tenía guardado, uno que ni siquiera había mirado en su momento, y que se titula "La conciencia", del 9 de Mayo:
"En la antiguedad teníamos más metros cuadrados que cosas. Ahora, en cambio, tenemos más cosas que metros cuadrados. Hace años, podías recorrer un pasillo de 15 metros sin tropezar con un solo mueble. Ahora no puedes dar dos pasos sin estrellarte contra una bicicleta estática, una vajilla de Chillida o la armadura de una tienda de campaña. Mucha gente cambiaría los objetos por metros cuadrados; el problema es que la mayoría de esos trastos sólo tiene un valor romántico, que no cotiza ni en los mercadillos de pueblo. Ya me dirán para qué sirve la maleta con la que papá se fue a Alemania, o el televisor en blanco y negro que conservamos absurdamente debajo de una cama (...) Construir viviendas pequeñas por sistema es como escribir con frases cortas por obligación. La frase corta funciona bien como desván, como altillo en el que introducir una o dos ideas pequeñas. Pero para vivir, para respirar para estar a gusto, nada como un piso de seis o siete habitaciones, cuatro exteriores, además de la cocina, el baño y los aseos (...) Hemos vendido el alma a cambio de cosas que brillaban, de espejuelos con los que no sabemos qué hacer. Deberíamos regresar a la frase larga, a la oración compuesta, al pasillo de 15 metros de largo. A la conciencia"
Y me he quedado con una entrada a medio escribir, y con cara de tonto.

martes, 24 de junio de 2008

Un rapaz sentado nun banco do parque axita un carabullo diante do seu can, que espera ansioso a que llo tire. Cando o fai, corre detrás do pao movendo o rabo, nervioso e feliz; pero leva posto un bozal, así que non o pode morder. Rabúñao impotente, da voltas ó seu redor, escarva na terra co fuciño... Mentras tanto, ás súas espaldas o dono agáchase no seu banco e recolle outro pao calquera do suelo. Despois bota un silbido e o can dáse a volta no momento, movendo a cola.

martes, 27 de mayo de 2008

Fragmento del "Cuaderno de viaje", de Craig Thompson

Tú y yo somos iguales. Tienes tantas capas que puedes pelar unas cuantas y dejar a todo el mundo impresionado o asustado porque estás desnudando tu alma, aunque para ti no supone nada porque sabes que te quedan otras veinte capas debajo

domingo, 18 de mayo de 2008

Unha muller de mediana idade, rubia, algo gordiña... en fin, parece normal. Encóntroma tódolos días, sola no medio do parque de San Pedro, sin cans nin nenos pequenos nin ningunha razón para estar alí. Ten unhos auriculares postos e baila. A veces tamén parece esperar a alguén.

jueves, 8 de mayo de 2008

Fragmento del episodio piloto de "Los Soprano"

Le diré algo: hoy en día todo el mundo tiene que ir a loqueros y a consejeros, o a programas de entrevistas para hablar de sus problemas. ¿Que ha pasado con Gary Cooper? Aquel tipo fuerte y callado. No exteriorizaba sus sentimientos, sólo hacía lo que tenía que hacer. Lo que no se sabe es que si algún día Gary Cooper exteriorizaba sus sentimientos, ya nadie iba a poder pararlos.
Y luego disfunción tal, disfunción cual, disfunción de irse a tomar por culo

lunes, 5 de mayo de 2008

Fragmento de "Tokio Blues (Norwegian Wood)", de Haruki Murakami

"Por fin Hatsumi tomó el tenedor y el cuchillo y empezó a comer la lubina.
- Por lo menos podrías dejar en paz a Watanabe.
- Watanabe y yo nos parecemos, no creas- continuó Nagasawa-. Los dos somos incapaces de interesarnos por nadie que no sea nosotros mismos. Dejando de lado que uno sea arrogante y el otro no. A ambos sólo nos interesa qué pensamos, qué sentimos, qué hacemos. Por eso no podemos pensar en nadie más. Eso es lo que a mi me gusta de él. Pero todavía no tiene plena conciencia de ello y a veces duda, se siente herido.
- ¿Hay algún ser humano que no dude y no se sienta herido?- reflexionó Hatsumi-. ¿Estás diciéndome que tu jamás has dudado ni te has sentido herido?
- Es obvio que yo también dudo y me siento herido. Pero eso, con disciplina, puede mitigarse. Incluso las ratas aprenden a elegir el crcuito donde reciben menos descargas eléctricas."

domingo, 23 de marzo de 2008

A. (... y II)

Lo otro que me viene a la cabeza no pasó en el mismo lugar ni al mismo tiempo, pero sí en un momento gemelo o siamés, un momento que llevo pegado al otro, destinado a ser revivido a la vez: ocurrió bajo igual clima, en las mismas circunstancias, de nuevo ella y yo, Tom y todo lo demás también.
Ella me sonrió y, sacándose el mp3 del bolso, dijo que tenía algo que enseñarme. Me colocó un auricular en la oreja derecha (¡ella misma!), y al apretar el botón de reproducción, empezó a sonar “All the world is green”. “I felt into the ocean/ when you became my wife”, y estábamos muy cerca, ella con un auricular y yo con el otro, pegados para que no se nos cayeran, “you turn kings into beggars/ and beggars into kings…”, realmente cerca, mirándonos a los ojos.
La canción sonaba tan lenta… Había leído en algún sitio que en los momentos cruciales, aquellos de los que depende una vida, siempre sonaban las lentas… También que bailar era suspender el tiempo, y que suspender el tiempo era abolir la muerte, y sonreí pensando que los dos bailaríamos infinitamente al son de la canción… Luego, que reviviría durante toda mi vida aquel instante infinito, y me pregunté si sería normal estar ocupado en escribirme en la cabeza “reviviré toda mi vida este instante infinito” en lugar de vivirlo sin más… Y su boca esperaba entreabierta, ávida, cerca, tan cerca…
Se terminó la canción, y comenzó otra, que no era lenta ni de lejos, y ella me dijo que esa canción también le gustaba mucho y yo pensé que era lógico, porque para eso era su mp3, y ella sonreía exactamente igual que antes y qué imbécil, pensé, qué grandísimo imbécil, ni siquiera se ha enterado.

A. (I...)

Era el descanso de alguna clase, estábamos esperando a que llegase el profesor para empezar. No recuerdo nada más: ni en qué aula estábamos, ni en qué pupitres… por lo que a mí respecta, éramos las dos únicas personas de todo el puñetero universo, estábamos buceando en el vacío espacio-temporal. Buceábamos juntos, eso sí, estábamos uno al lado del otro y hablábamos sabe dios por qué de las canciones que nuestros padres ponían en el coche cuando para que nos quedásemos dormidos, en el asiento de atrás. 
Mis padres usaban a Dylan y a Joan Báez, a Silvio, a Víctor Jara y a Paco Ibáñez; siempre fueron muy de izquierdas. Pero cuando empecé a contárselo solo tuve tiempo de decir “A mí me ponían a Dylan” antes de que ella me interrumpiese, la cara iluminada en una sonrisa, diciéndome que a ella también, a ella también, y luego citase de carrerilla a Bruce Springsteen, a Leonard Cohen y a Tom Waits.
Y yo me di cuenta de que había muchas maneras de acabar cayendo en Dylan al final, pero eso era una reflexión que no venía mucho a cuento. El caso es que, como no quería perder la complicidad del momento, me agarré al último nombre que había mencionado y dije “¡Tom Waits!” aunque no había escuchado a Tom Waits en la vida y ella me dijo que me prestaría "Heartattack & Vine"; poco a poco fuimos saliendo a la superficie y solté todo el aire de los pulmones y ya no recuerdo claramente nada más, pero ése fue el momento en el que me empezó a gustar Tom Waits, sin haberle escuchado ni la primera canción.

sábado, 16 de febrero de 2008

"La vida de los otros"

Estaba siendo perfecta. Estaba siendo una máquina de relojería precisa, una obra de ingeniería cinematográfica. Una película sutil y riquísima en pequeños detalles cuyo cuerpo mayor os voy a explicar, más que nada por las ganas que tengo de hablar de ella:
Se nos presenta a un frío y eficiente agente de la Stasi. En la primera escena de la película, enseña a unos jóvenes aspirantes a espías cómo interrogar a un sospechoso: defiende la privación de sueño como un método útil, da consejos extraños ("si grita es inocente, pero si llora es culpable") y, en fin, se comporta como un fanático perro de presa.
Este hombre tiene una cierta cota de poder y prestigio, provocada por su rango de capitán y por ser amigo de su superior (otro personaje muy bien planteado, un trepa cualquiera sin más talento que el de saber aparentar y aprovecharse de sus amigos, descrito de una manera quizás un tanto burda al principio, pero eficaz, en todo caso). Es perfectamente consciente de ello, y se siente cómodo: es alguien que sabe lo que se hace, y cómo se hace. Todo un hombre de aparato, en fin.
Sin embargo, fuera del trabajo, su vida es vacía e insípida. Vive en un socialista apartamento impersonal, no conoce más mujeres que las prostitutas que contrata de vez en cuando, cena arroz blanco con salsa de tomate mientras ve en la televisión lo bien que va la economía de la república, y se viste siempre, por cierto, con la misma cazadora gris, extrañamente informal. También es consciente de su forma de vida, y la amargura o la desazón que ello le provoca es lo que hace que, al comienzo de la historia, se decida a espiar a un dramaturgo de éxito que sale con la actriz más famosa del país, un bohemio, un triunfador, todo lo opuesto a él, en definitiva.
Pese a que la película camufla esta decisión como un ejemplo de su instinto policial lo cierto es que sólo está provocada por las pasiones: por la envidia del policía (quizás incluso por su deseo de ver desnuda a la actriz), y por la avaricia de sus superiores.
Y este acto pasional se ve continuado por otro, un momento clave de la película, en el que el espía, dueño y señor de monitores y micrófonos, se siente tan seguro, tan omnisciente, que decide bajar a la arena y cambiar la vida de los otros. A la larga sus actos hacen que el dramaturgo, que vivía abotargado por su éxito personal, gane conciencia y madure, convirtiéndose así en el enemigo que el Estado quería ver en él. Sin embargo, tambén hacen que el vigilante comience a empatizar con su vigilado (este proceso está narrado de una manera bastante sutil, desde mi punto de vista).
En fin, a partir de ahí nada es frío, ni calculado, todo es humano y pasional sin ambages, y todo se va acelerando y complicando hasta llegar a un clímax en el que mágicamente, con un golpe de guión genial, aunque un tanto artificioso, todo se cierra.
Si la película hubiese acabado en el plano del periódico con un Gorbachov sonriente al llegar al poder, o incluso en el que, al caer el muro de Berlín, el eficaz espía sale de su trabajo ya inexistente rumbo a un futuro imposible, entonces habría sido redonda. Perfecta, ingeniería cinematográfica alemana.
Pero se alarga innecesariamente: se nota que el deseo del director es que veamos colocados a sus personajes para así poder irnos tranquilos. Juega con el encuentro aplazado de los dos protagonistas, pero tampoco parece saber cómo resolverlo. El final que elige es para mí falso, y me deja buen sabor de boca.
Pero bueno, eso es sólo el último cuarto de hora. E incluso los coche alemanes acaban por estropearse, al final.

Piñeiro

O profesor de Filosofía faltaba a quinta hora. Despois de esperar unhos dez minutos coa libreta encima da mesa por si aparecía, acabei por metela na mochila. Ó facelo quitei a de Lengua, e despois abrina pola penúltima folla (acaso a contemplase por un instante, en blanco), e púxenme a escribir que o profesor de Filosofía faltaba a clase.
Piñeiro falou ó meu lado: Esta é a terceira que gasto.
- Mira tu.
- Gastei outras dúas no verán, cando estuven traballando alí, no Telepizza...
Xirei a cabeza para miralo, non sabía nin de qué me estaba a falar. Piñeiro suxeitaba un pequeño bloc de notas na man, no que tiña escrito con bolígrafo azul clariño “DJ Piñei- ROPI Music”, coma en case tódalas súas cousas: na axenda, na mesa, en follas soltas que deixaba nos caixóns doutros pupitres, e en xeral en calquer sitio onde alguén o poidera leer.
Xirei a cabeza para miralo e el debeu pensar que non o creía, porque refixo a súa historia sobre a marcha: Boh, non era no Telepizza, era nunha cervecería na calle do Telepizza.
- Non sei.
- Tampouco era exactamente na calle do Telepizza, vaia, pero estaba ó lado, facendo esquina. Foi pouco tempo, pero veume ben de práctica para saca-lo carné de manipulador…
- No, pois non sei.
E despois eu debín volver a concentrarme no papel en blanco, intentando escribir algo, porque xa non recordo nada máis desa conversa. Imaxino que Piñeiro se poñería a debuxar na súa mesa, garabateando frases soltas e versos de cancións dos Héroes del Silencio, pintando flores co seu bolígrafo rosa, ou simplemente firmándoa: “DJ Piñei- ROPI Music”.
Quizáis desistín de escribir e seguimos falando. Víñame ben que Piñeiro fora o meu compañeiro de pupitre, despois de todo, porque sempre tiña algo de qué falar, cando a min non se me ocurría nada. Claro que todas as súas conversas tiñan ese aire inverosímil, difuso.
Vale, esta vez te lo voy a poner difícil. La última vez que te recomendé un libro lo cité sin más, de refilón, comentando que me alegraba de que no lo conocieras. Eso fue hace mucho tiempo y hace muchas cosas. Pero ya ves, aquí estoy, proponiéndote de nuevo un juego. (Y sé que excuso decirlo, pero no me malinterpretes, ni me interpretes de ninguna manera. Tú sólo juega, si te apetece)
Parece sencillo, verás: lo único que te pido que hagas es leer a Arturo Belano y a Ulises Lima. Léelos con pausa y detenimiento, paladeando, porque son tan arrolladores, tan apasionados y veloces, que es difícil darse cuenta a la primera de los buenos que son...
Como ya habrás imaginado, no vas a encontrar ningún libro escrito por Ulises Lima ni por Arturo Belano (pese a que ambos son escritores, y poetas en concreto), y como ya habrás supuesto, precisamente te estoy pidiendo que lo busques, usando tu sagacidad de salvaje detective y empezando, por ejemplo, por buscar en Soldados de Salamina al mejor escritor que hay en él, probablemente el único gran escritor de todo el libro.
Existen atajos, por supuesto: Ulises Lima, que no existe en realidad, sí que existe en Internet. Pero así el juego no tiene gracia, ¿no te parece?
Tómate esto a modo de desafío, o como regalo de navidad, o incluso de despedida, si quieres. Ignóralo o acéptalo, pregúntate qué demonios tengo en la cabeza y qué demonios en las tripas...
En fin, haz lo que quieras. Festas, muitas festas.

Sería tal que así


- (...) Ya sé que eres genial, que tienes clase, pero esto no es una puta película sobre tí, ¿sabes?. No hay ninguna cámara siguiéndote mientras caminas por la calle, ningún espectador viéndote a través de la tele, no hay ningún guionista ni ningún director ni nadie que garantice que tu historia vaya a tener un final feliz, ¿me entiendes? (...)

Vila-Matas no debería existir


Vila-Matas no debería existir. Tendría que ser sólo el pseudónimo que utilizase un escritor oculto, o incluso un escritor ficticio inventado en su dietario por un tipógrafo o un relojero.
Pero de vez en cuando, alguien llamado Vila-Matas asoma por la televisión y dice en ella lo mismo que en los libros pero más lento, más torpe, sudando por los focos como si no se hubiese acostumbrado todavía a llevar puesto un cuerpo.
Y sin embargo es él, o por lo menos es alguien que tiene derecho a llamarse Vila-Matas, aunque sólo sea por su mirada de loco y su sonrisa de bebé, y porque sus entrevistas son extrañas y geniales y el verdadero Vila-Matas, si de casualidad se ve a sí mismo en la televisión, sonreirá divertido, como un bebé.
La semana pasada atropellaron a una niña en la esquina de mi calle con la Avenida de la Coruña. Una niña de tres años, que iba de la mano de su tía, andando por la acera... en fin, tampoco es cuestión de dar detalles.
Lo que me llama la atención es que estos últimos días han aparecido un montón de velas, ramos de flores, unos folios con mensajes escritos a mano con rotulador rojo, una foto (supongo que de la niña)... Hay un banco, en la esquina de mi calle. Nunca sirvió de mucho, la verdad: de cuando en cuando se sentaba allí un señor mayor, aprovechando la sombra, pero normalmente estaba vacío. Bueno, ahora está ocupado con flores y velas, hay una frase torpemente pegada al respaldo con cinta celo...
En fin, casi dan escalofríos al pasar por delante, se ha convertido en una especie de capilla cutre en medio de la calle que recuerda a todo el mundo que camina por allí, ya vaya a comprar el pan o al cine, que en ese sitio murió una persona.
Me pregunto quién habrá puesto todo eso, y qué lo habrá impulsado a hacerlo.
Desde luego, si hubiera sido su madre o algún familiar directo, no habría nada que objetar, cada uno sobrevive como puede, y hay que comprenderla y respetarla.
Lo grave del asunto, lo que me temo, es que no sea su familia quien ha instalado la capilla ardiente, si no alguien distinto, alguien ajeno a ellos. Y si es así, caramba, me parece de mal gusto: en primer lugar, porque es un sitio público, lo que da la sensación de que a quien lo puso le gustaría que la gente le reconociese su dolor.
Mi padre es hijo de labrador, y una de sus máximas es que no se debe llorar en público. Quizá suene rancio, pero pienso como él: a todos nos ha pasado algo, así que hay que ser honesto y mesurado, al menos todo lo posible.
Por supuesto que quien ha pegado el folio al respaldo del banco estará entristecido, no lo dudo, pero hay una mujer que cada vez que pase por delante tendrá un escalofrío recordando a su hija y a su hermana, y lo tendría aunque no hubiera nada, aunque fuera sólo una esquina cualquiera de una calle, con un banco vacío al lado bajo una farola. Y todas las cartas, las flores, las velas, o, más aún, la fotografía (sobre todo si están colocados sin que ella lo sepa) no le harán sino más daño.
También hay otras dos mujeres que se sienten culpables de la muerte de la niña. Mirad, la cuestión es que fue un accidente. Triste, trágico, pero un accidente. Según parece, lo que pasó fue que uno de los coches se saltó un semáforo (el cual, si no me equivoco, está además medio oculto tras un árbol), chocó contra otro que se le cruzaba y la inercia del golpe, éste invadió la acera... las dos conductoras dieron negativo en la prueba de alcoholemia, y no hay pruebas de que ninguna fuera a excesiva velocidad. Según creo, salieron ilesas del choque, aunque recordarán siempre el día del accidente. De nuevo, lo recordarían aunque no hubiese ninguna velita.
En cuanto a nosotros, en fin, para qué negarlo, acabaríamos olvidándolo. Es duro, pero es así. A base de comprar el pan en la tienda de enfrente, de buscar aparcamiento en esa calle, de ver pasar a los niños del colegio por delante, al final acabaríamos olvidándonos del accidente, y sinceramente no creo que pudiera ser de otra manera. El caso es que todo el mundo es consciente de que seguimos adelante sin preocuparnos de los que se nos mueren, que todo el mundo sabe que esto no debería ser así, y que nadie cree que pudiera ser de otra manera. Y lo cierto es que, ante este sentimiento trágico, la beatería, las buenas intenciones, las muestras de dolor tan públicas y notorias, no nos ayudan lo más mínimo, no nos sirven de nada. Incluso, a gente tan cínica y egoista como yo, nos molesta.
De todos modos, es un tema delicado. Quizás lo estoy sacando todo de contexto, quizás es la madre quien puso todo, y aunque sea, qué sé yo, una vieja jubilada que leyó la noticia en el Progreso, es imposible tener por completo la razón. Porque es imposible, por ejemplo, poner un límite, decidir a quién le ha afectado cuánto el hecho, y quién exagera. O establecer quién tiene derecho a que le concedamos la venia de expresar publicamente su dolor, y quién no. Es posible que todos tengamos derecho a llorar y a rasgarnos las vestiduras y a perder la compostura cuando algo no nos guste, y es posible, también, que yo sea un mostruo porque me molesten las velitas.
En fin. Me cambiaré de panadería...

"Salvador (Puig Antich)"


Uno vuelve del cine, tras ver Salvador, admirado del arrojo, de la valentía con la que aquella generación luchó por la democracia y la libertad, vuelve inflado de grandes ideales, lleno de un espíritu anarquista.
Vuelve y se encuentra su casa vacía, la puerta del salón abierta y la luz encendida y tentadora, que ya es escenografía. Así que, casi por cumplir, se sienta en el sofá y enciende la televisón. Sólo un segundo después recuperará la lucidez, y la apagará, pero será ya demasiado tarde porque durante ese segundo, habrá aparecido en la pantalla el culo de la cantante de los Black Eyed Peas, bailando en un videoclip en la MTV.
Y así, con ese fotograma de un culo, le da por pensar que le ha tocado vivir en un tiempo bien vacío de significado, y entonces siente una cierta repulsa de sí mismo. Lo siguiente que piensa es que es triste haber sacrificado una generación entera de jóvenes para conseguir que nosotros estemos como estamos ahora, y que estemos así.
Después, uno piensa que ha caído en un enorme lugar común. Piensa en ese director cincuentón que probablemente tampoco hizo la revolución, filmando esa película para honrar un movimiento al que no perteneció. Lo ve frotarse las manos, pensando en cuánta gente caerá en su trampa hagiográfica, y no puede menos que protestarse a sí mismo por haber caído.
Y entonces, sabiendo que es un perfecto hijo de su tiempo, nacido en la democracia; y un perfecto hijo de su padre, que nunca luchó contra Franco porque tenía 14 años y estaba ocupado corriendo entre vacas, desiste de considerar como mejor cualquier tiempo pasado, pero sin embargo no puede si no echarse las manos a la cabeza por la sociedad en la que le ha tocado vivir, por el borreguismo, y la estupidez, y la frivolidad...
Y mientras se le siguen ocurriendo sinónimos, sacude la cabeza cansado como si ya hubiera dado gran batalla, y vuelve a encender la televisión, para mirarle el culo a la de los Black Eyed Peas.

Fragmento de "Brooklyn Follies", de Paul Auster


"(...) Flora se encontraba en pleno ataque de nervios, cayendo en el delirio que la llevaría al hospital por tercera vez, pero aún mantenía la lucidez suficiente para reconocer a su padre y hablar con él en un lenguaje comprensible. En alguna parte había leído una serie de estadísticas por las que se calculaba la cantidad de gente en el mundo que nacía y moría cada segundo en un día cualquiera. Las magnitudes numéricas eran pasmosas, pero a Flora siempre se le habían dado bien las matemáticas, y enseguida extrapoló los datos de conjunto para formar grupos de diez: diez nacimientos cada cuarenta y un segundos, diez muertes cada cincuenta y ocho segundos (o lo que fuera). Ésa era la verdad de la vida, dijo a su padre mientras desayunaban aquella mañana, y con objeto de asimilar aquella verdad, había decidido pasar el día sentada en la mecedora de su habitación, gritando "regocijaos" cada cuarenta y un segundos, y "afligíos" cada cincuenta y ocho segundos, para señalar la marcha de las diez personas que ya descansaban en paz, y celebrar la llegada de los diez recién nacidos.
A Harry se le había desgarrado muchas veces el corazón, pero en aquel instante no era sino un montón de cenizas que le taponaban un agujero en el pecho. En su último día de libertad, pasó doce horas sentado en la cama viendo cómo su hija se balanceaba hacia atrás y hacia delante en la mecedora, gritando unas veces "regocijaos" y otras "afligíos" mientras seguía la trayectoria del segundero en la esfera del despertador de su mesilla de noche.
- ¡Regocijaos! -gritaba-. Regocijaos por los diez que están naciendo, que nacerán, que han nacido cada cuarenta y un segundos. Regocijaos, pero no os detengáis. Regocijaos una y otra vez porque al menos eso es seguro, al menos eso es cierto, y al menos eso está más allá de toda duda: ahora viven diez personas que antes no existían. ¡Regocijaos!
Y entonces, aferrándose firmemente a los brazos de la mecedora mientras aceleraba el ritmo de su balanceo, miraba a su padre a los ojos, y gritaba:
- ¡Afligíos! Afligíos por los diez que han desaparecido. Afligíos por los diez que ya no viven, que han iniciado su viaje a lo desconocido. Afligíos infinitamente por los muertos. Afligíos por las personas que fueron buenas. Afligíos por las personas que fueron malas. Afligíos por los viejos que murieron con el cuerpo vencido. Afligíos por los jóvenes que fallecieron antes de tiempo. Afligíos por un mundo que permite que la muerte nos arranque de su seno. ¡Afligíos! (...)"

Hablando de estos temas

Siempre fue un hombre pío y religioso en extremo. De hecho, llegó virgen, no ya al matrimonio, sino al funeral.
Hablando de estos temas, el epitafio de un poeta chileno es "Abrid esta tumba, al fondo se ve el mar". Recuerda a aquello que decían en mayo del 68 de "Sous les pavés, la plage"...
Estaría bien que además de sonar bonito significase algo: estaría ver poder hacerles caso, y abrir, levantar, escarbar la superficie, seguir buscando la playa y el mar y todo lo que haya de bonito, aunque estemos rodeados de adoquines, exámenes, cuentas inaplazables.
-(...) I mean, try at something, for once in your life! Do something about it, but you know what?, you better do it now, and you better do it fast, because the world doesn't owe you any favors (...)


Quince minutos buscando un diálogo de la película "Reality bites" que me había gustado... y resulta que no era como lo recordaba... En fin, mi versión era mejor...

Historia de una gata callejera

Bajo mi portal vive una gata que no nos quiere. Mi madre se la encontró un día apresada entre unos hierros en la puerta de un garaje, maullando deseperada y muerta de hambre; le dio tanta pena que estuvo toda una mañana en la calle esperando a que alguien le abriese el portón, y después la quitó con sus propias manos del lugar donde estaba atrapada.
Le da de comer todos los días: al principio, bajaba todas las noches con las sobras de la cena envueltas en papel metálico, aunque últimamente le compra latitas de comida... La gata le corresponde dejándose acariciar sin protestar demasiado mientras come; y no yéndose durante mucho tiempo de nuestra calle, acaso para que no se preocupe, quizás simplemente porque tiene hambre.
No me gusta la gata. Nos vende su cariño por comida, se aprovecha de nosotros, se nos acerca y se deja hacer. No me gusta porque no nos necesita, es independiente y se va cuando quiere, sabiendo que al volver encontrará una latita de comida donde siempre se la dejamos. Nos usa y no le importamos. No me gusta porque mi madre gasta dinero en comprarle comida, y no nos da nada a cambio.
No me gusta, la desprecio, porque nunca llegaré a apreciarla aunque lo intente. Porque cuando estoy llegando a casa la veo acercarse, con el rabo levantado, cruzarse delante mía, y sólo puedo pensar que sus maniobras son poco sutiles, en que he descubierto con sencillez su trampa, así que, sintiéndome superior, la ignoro y paso de largo, y ya es tarde cuando me doy cuenta de que su hambre es real, de que finalmente no es sino una pequeña gata callejera pidiendo comida. Me hace sentirme mal, me hace sentir frío y estúpido.
Y sin embargo, cuando no tiene hambre no hay quien le acerque la mano. Ni siquiera mi madre, a quien le debe la vida, puede acariciarla sin que ella quiera.
En todo esto pienso una noche, mientras bajo a tirar la basura. En lugar de verla a ella, me encuentro con todos los gatos del barrio peleándose por los restos de la comida que mi madre le había dejado el día anterior. La gata se ve muy pequeña y muy asustada, escondida bajo las ruedas de un coche, y no quiere salir de allí aunque le enseño la lata de comida que me he bajado para darle.
Entonces asusto a todos los gatos, incluso persigo a uno o dos que intentan ocultarse entre las sombras de la otra acera, y me quedo al lado de ella, diez minutos de pie en la medio calle vacía, cogiendo frío y esperando en zapatilas a que mi gata acabe de comer.

Comotopos

Un montón de estudiantes de arquitectura sentados ou arrodillados a ambos lados da calzada, mentras toda a xente de dentro dos coches e dos autobuses e das ruidosas motos que non paran de pasar os observa. Mentras moitos curiosos pasean ás súas espaldas, mirando e comentando despreocupadamente os seus debuxos, un montón de estudiantes de arquitectura aguantan estoicos, cegos como topos para todo, concentrados nun punto fixo, axenos ó curioso espectáculo que conforman ante os meus ollos distraídos que viaxaban no autobús, leendo ó azar carteles dos comercios.

"Brokeback Mountain"


Tengo la teoría de que el rodeo debe de ser visto, entre los vaqueros reales de verdad que alguna vez tienen que montar reses salvajes para domarlas o trasquilarlas, casi como un insulto, un entretenimiento estúpido de camisas satinadas y flecos. Según esta teoría, los vaqueros de rodeo serán mirados de reojo, aproximadamente como los payasos de circo, o los aspirantes a escritor, con el punto de lástima que a todos nos inspira aquel que no vive con los pies en el suelo.
Sea o no sea cierta esa apreciación, en todo caso sólo es un matiz secundario que sólo añadiría más patetismo al perfil del personaje de Jack Twist.
Porque de joven, Jack Twist es un aspirante a vaquero de rodeos que sólo participa en eventos de poca monta, así que eventualmente tiene que hacer de pastor de ovejas para ganarse la vida (ni siquiera de vacas, por cierto, de ovejas).
Cuando crece, comoquiera que el padre de su esposa (con la que se casa por accidente) es un distribuidor de maquinaria agrícola, Jack Twist deja atrás su sueño juvenil del rodeo, y se convierte en vendedor de tractores. Se deja un bigote ridículo, y viste con camisa y pantalones vaqueros siempre y usa gorro y una de esas corbatas de vaquero, aunque su trabajo es el de un oficinista.
Durante toda su vida, hasta que acaba muerto en una cuneta cualquiera, Jack Twist es un chiste andante, un  vaquero de pacotilla, un payaso de rodeo, un feriante. No es respetado ni en su casa: el suegro, que le paga todo, lo chulea como a un empleado más; la mujer lo odia, el hijo no lo aguanta...
Jack Twist es un hombre ridículo que se comporta con la serenidad de ser plenamete consciente de su ridiculez. Es un hombre al que la vida le tiene una cuenta pendiente, porque él, después de todo, siempre se dejó dirigir, apaciblemente y sin protestar; ha cumplido su parte del trato, y se siente defraudado.
Pues bien, por la sutil pero nítida, dura y a la vez cariñosa creación del personaje de Jack Twist es por lo que, según acabo de dictaminar mientras iba improvisando esto, me gusta "Brokeback Mountain", película que finalmente tampoco es más que una historia triste de amor, con lo poco que me gustan...

TCM

Allida Valli camina en el centro del encuadre por el medio de una calle bordeada de árboles cuyas hojas agita el viento, y, durante medio minuto, mientras algunos dientes de león caen, bailando, distraídos, Joseph Cotten la espera, fumando apoyado en una carreta, al margen izquierdo de la calle, rompiendo limpiamente la simetría de la escena...
En fin, títulos de crédito, y, tras una pausa publicitaria (larga, por cierto), de nuevo créditos, esta vez de comienzo: Charlton Heston, Orson Welles, Marlene Dietrich, en una película de Orson Welles...
Se ve una bomba. Unas manos que la programan. Es un chico. A lo lejos, caminan dos figuras. El joven corre a poner la bomba en el maletero de un coche, e, instantes después, las dos figuas se suben en él, y se ponen en marcha. Después, durante dos minutos largos, la cámara sigue al coche a través de pasos de peatones y señales de STOP por las calles de un animado pueblo fronterizo, siguiendo en ocasiones también a una feliz pareja que , una y otra vez, de una manera macabra, se acercan y alejan de la bomba.
Dos planos: el largo plano fijo final de "El tercer hombre", y el plano secuencia inicial de "Sed de mal", en apenas diez minutos. Me encanta el canal TCM, la verdad. Y me encanta el cine. Y Orson Welles, coño.

"Ghost world"


He vuelto a caer, es tan sencillo como eso; me ha vuelto a pasar, de nuevo he visto una película de inadaptados, y me he sentido identificado con ellos. A lo largo de las películas, la lista de personajes con los que me ha ocurrido esto es larga y rara, bendita sea: abarca desde un enano ("The station agent"), hasta un aspirante a actor con problemas psiquiátricos ("Algo en común") y un técnico en borrado de la memoria ("The eternal sunshine of the spotless mind"), por dar sólo los casos que se me vienen a la cabeza. Todos, más o menos, vienen de películas americanas inteligentes y medianamente pequeñas y simpáticas, películas sin la menor trascendencia a las que sin embargo me lanzo con pasión, intentando encontrarlos a ellos.
Son mi personaje fetiche: raros pero con estilo, cínicos y mordaces, inteligentes, ariscos... Un estereotipo, una trampa cualquiera del guión, lo sé, pero también exactamente aquello que busco, así que caigo una y otra vez, y después me quedo conforme y a gusto, y no me quejo
En todo caso, desde hace unos días, mi lista también incluye a Enid y a Rebecca, dos amigas que acaban de terminar el instituto y no tienen muy claro qué hacer con sus vidas, y mientras se lo piensan, pierden bastante el tiempo. Bueno, una se enamora, la otra busca trabajo y se hace responsable, sus vidas toman caminos distintos... en fin, nada nuevo bajo el sol.
Y sin embargo la película me encanta. Pero me gusta porque me da lo que le pido, me da un mundo fantasmal casi invisible, apenas por debajo de la coraza brillante de alguna pequeña ciudad americana prototípica, un mundo poblado de fracasados, de incomprendidos, de tristes oficinistas melómanos, y  ancianos que esperan un bus que nunca llega.
Me identifico con todos los personajes, a todos los entiendo y los aprecio, y con todos empatizo. En fin, una vez más he caído. Me reconozco débil. Por ello, pese a no contar una historia tremendamente original (¿cuál lo es, después de todo?), la película me ha gustado. Y le gustará a todos aquellos que tengan el mismo fetiche que yo. Lo dicho: es tan sencillo como eso.

Pasatempo estival (¡millor que un sudoku samurai!)

- ¿Fijácheste nesa parexa da mesa do fondo?
- Joder, canto tardan en servir un puto sandwich vegetal... ¿Qué dices?
- A parexa esa, os que tan pagando, ¿fijácheste neles antes?
- No. ¿Qué lles pasa?
- Apostaría algo a que van ir ó cine a ver unha película romántica... Vamos a ver: tu ves como ta vestida ela, ¿non?. Todo a xogo, ta maquillada... Vai arreglada, vamos. E el ten unha camiseta de manga corta e pantalóns cortos. Asi que o organizou ela.
Taban tomando unha Coca-cola, non cenando, e acábanse de ir, ás doce menos dez, xusto a tempo para ir abrazados e agarradiños hasta o cine e chegar á sesión das doce.
Bueno, e obviamente, unha rapaza que se arregla hasta para ir tomar unha Coca-cola a un bar cutre co seu mozo, escolleu unha película romántica fijo.
- Non hai sesión das doce nos Yelmo. Ademáis, un rapaz, por estúpido que pareza, si queda para ir ó cine ás doce da noite non vai en camiseta e pantalón corto, ¿non che parece?
- Non descartes a estupidez. Pero tés razón. Ademáis hai unha xarra de cerveza vacía enfrente deles, e unhas dez colillas no cenicero. Ela fuma, pero nos vinte minutos que levamos aqui sólo encendeu un cigarro...
- Joder, levamos vinte minutos esperando por un sandwich vegetal, que patético...
- Dalle, non te distraigas... Eu digo que el tenme pinta de ser un fortachón deportista sanote e sin vicios. Así que estuveron antes falando con alguén máis. Pode que un amigo de el, pode ser que o sanote e o amigo xa tuveran na cafetería e que el chamara á sua moza para que baixara tomar algo. Son as doce da noite, asi que a ela xa lle dera tempo a cenar antes de baixar, digamos, ás once e cuarto...
- Vale, pero ¿o amigo vaise despois de dez minutos, e eles quédanse na cafetería, asi sin máis? Que va, eu teño unha máis fácil: ¿qué tal si cando se sentaron na mesa xa taba a cerveza alí, e santas pascuas?
- Boh, eso non tén gracia... Ademáis, non me cadra: alguén que vai solo a unha cafetería non se senta a tomar unha cerveza na mesa do fondo e mirando de cara á parede, non é lógico. E si a parejita tuvera toda a mesa para sentarse cando chegaron, teríanse posto un enfrente do outro, para mirarse ós ollos...
- Joder, Noé, que romántico. Non creo que o fortachón sanote seña tan romántico coma ti, macho. Nin siquiera a moza. Igual é máis probable que se sentaron un ó lado do outro para meterse man máis comodamente, ¿non crees?. E igual o da cerveza non estaba solo, ¿ou?, si estuvo aquí antes ca eles, poñámoslle ás dez, igual quedara a cenar con alguén...
- Coño, ¿e atenden áparexa sin nin siquiera librarlles a mesa? Bueno, eso pode ser...
- Pode, oh. Pero da igual, admitamos a hipótesis do amigo borracho. Aínda así, ¿qué coño pintan nunha cafetería as once da noite, si non cenaron nela? Porque non cenaron nela, ¿non?
- E sobre todo, ¿qué coño pintan no Mundo Diner, si é a puta cafetería máis cutre de Lugo, que tardan media hora en servir un sandwich vegetal e unha hamburguesa?
- E nin che libran a mesa antes de atenderte. ¿Qué coño pintamos nosoutros aquí?
- Ah, ironía posmoderna. Téñoche que prestar un cómic, xa o entenderás, esta cafetería é o Taj-Mahal das falsas cafeterías dos cincuenta.
- De ironía posmoderna non se come...
- Bueno, non te me poñas negativo ahora, anda, que aínda temos que averiguar a dónde foi a parejita
- De putas foron.
- Coño, Fran...
- Mira, ó carallo a ironía posmoderna, son as doce e teño fame... Tu xa acabaches o Nestea, ¿non? Bueno, pois vamos xogar a outra cousa: ¿tu fixeches algunha vez un simpa?

"Photograph of my father in his twenty-second year", de Raymond Carver


October. Here in this dank, unfamiliar kitchen
I study my father's embarrased young man's face.
Sheepish grin, he holds in one hand a string
of spiny yellow perch, in the other
a bottle of Carlsbad beer.
In jeans and denim shirt, he leans
against the front fender of a 1934 Ford.
He would like to pose bluff and hearty for his posterity,
wear his old hat cocked over his ear.
All his life my father wanted to be bold.
But the eyes give him away and the hands
that limply offer the string of dead perch
and the bottle of beer. Father, I love you
yet how can I say thank you, I who can't hold my liquor either,
and don't even know the places to fish?




Silla abandonada

Recuerdo una silla al fondo de un pasillo largo, su perfil recortándose a contraluz. Apenas nada. Talvez melancolía.
En la silla se sienta una chica pequeña, y en el suelo, a su lado, finalmente acaba sentándose un chico. En algún momento, y sin que él deje de mirarla siempre desde abajo, ella se levanta y se va. Apenas nada, ya os lo dije...

Fragmento de "La verdad de Agamenón", de Javier Cercas

"Hoy casi nadie se acuerda, pero hace años en mi pueblo se dividía a los hombres en dos tipos: los del palo y los demás. La distinción era capital. Los sábados por la noche había baile en el bar de Juan, así que la gente se ponía sus mejores galas, e iba al baile; allí, en el centro, había una columna: la llamaban el palo. Cuando empezaba la música, los que sabían bailar bailaban; los que no sabían bailar, permanecían toda la noche agarrados a la columna. Eran los del palo. Estuvieran donde estuvieran, a los del palo se les reconocía de inmediato, porque se notaba a leguas que tenían unas ganas tremendas de divertirse y una incapacidad espantosa para conseguirlo. Dado que carecían de la más remota idea acerca de cómo vivir, vivían en permanente desacuerdo con la realidad, y en consecuencia llevaban una vida amarga: no bailaban, no se reían, no cortejaban a las chicas. Agarrados al palo, miraban. (...) Los del palo saben que bailar es abolir el tiempo, y que abolir el tiempo es abolir la muerte, y que abolir la muerte es abolir la desdicha. Los del palo viven en el tiempo, que los roe; los que bailan, en un instante eterno."

Autobús

Sólo un rapaz, coa cabeza apoiada na ventana do autobús, que mira a paisaxe de fóra mentras pensa no ben que quedan nas películas as personas solas que apoian a cabeza na ventana do autobús, e miran o exterior distraídamente, pensando quén sabe qué.

¿Por qué narices hai fío musical na lavandería de Rialta?

Un rapaz solitario, concentrado nos seus pensamentos, está sentado enfrente dunha porta aberta pola que entra a única luz que hai na habitación, unha lavandería que se extende inmensa hacia o fondo, chea de lavadoras. E de súpeto, empeza a sonar un piano.
Con torpeza ó principio, as notas de quén sabe qué peza musical van subindo en intensidade e colándoselle na cabeza ó protagonista.
Con violencia, o rapaz levántase, e despois váise achegando ó fondo da sala, pasando entre lavadoras e secadoras coas tripas por fóra, avanzando entre cables e pilotos con dificultade, como quen gatexa para entrar nunha cova. Cada vez máis a escuras, soamente hai unha luz que que entra a través dunha rexa de ventilacióna ras de chan, pola que se cola tamén a música.
Agáchome con el, axeónllome sobre o piso para mirar ó outro lado da pequena gateira. Sinto a súa emoción, a súa curiosidade, a música cada vez máis intensa...
Cando miramos, no preciso segundo no que a vemos por primeira vez, a rapaza para de tocar e pasa unha folla do seu libreto musical. Despois, estira os dedos, e comeza de novo. Desfaise o embruxo para min, que me levanto e miro hacia atrás. A lavandería paréceme pequena, as máquinas vense ordenadas e tranquilas, e non dan medo, a luz que entra por pequenas ventanas no alto das paredes fai que a estancia se vexa clara e diáfana.
A dicir verdade, o único que hai fóra do normal é un rapaz axeonllado, mirando por unha pequena gateira no chan, completamente hipnotizado. Quén sabe qué pasará pola súa cabeza.

"La vida es un milagro"

"La vida es un milagro" asusta durante la primera hora por exagerada, vodevilesca y esperpéntica, consigue mantener la atención (la mía al menos) gracias a dos factores: por una parte, ciertas pinceladas del guión, como la historia de la mula suicida (en el medio de un marasmo sin sentido de fiestas orgiásticas, borracheras y fútbol); y por otra, y sobre todo, por la música, que te mantiene sentado y atento y aún con una media sonrisa en la boca, de algún modo confiado en que la chispa acabará por surgir.
Y de repente aparece ella, obrando el milagro del título. Ella (Natasa Solak), maravillosa joven rubia de sonrisa fácil, hace que todo encaje, tanto en la vida del protagonista como en la película misma. Llena con su presencia las dos horas finales, que pasan limpias, llenas de sonrisas simpáticas, amor sincero, poesía extraña, y música preciosa, además.


"Familia rodante"

"Familia rodante" es una película coral que utiliza el viaje de una familia entera (abuela, hijas, yernos, nietos, bisnieta, una amiga de una de las nietas, y el novio de otra) en una caravana, para narrar multitud de pequeñas historias (un hombre acosando a su cuñada, una joven y su ¿violento? marido, el triángulo amoroso entre dos de los nietos y una amiga...)
Para mí, cae en el gran peligro de las películas corales: las historias están poco desarrolladas, se quedan en apenas unos rasgos y éstos no son muy originales (el amor adolescente parece sacado de una serie española). Tambien es cierto que no era el tipo de película que me esperaba (es argentina, yo creía que iba a ver "El hijo de la novia II"), y que ya llevo demasiadas películas a cuestas, así que tengo que ser maniqueo y todo lo que no sean verdaderas maravillas se me antojarán simplemente pasables.
Así pues, como siempre os advierto, no me toméis muy en serio. Pero me ha parecido bastante mediocre

"El secreto de Vera Drake"


Será porque vi la película sin gafas y era en versión original y uno, aunque presume de tener quinto de la Escuela Oficial de Idiomas, se siente más seguro leyendo los subtítulos (tengo la teoría de que el kurdo es igual que el islandés, pero creo que no es momento de explicarla); pero debo confesar que, hacia el final de la película, una pequeña y poco importante lágrima se me cayó del ojo izquierdo.
Esperaba de "Vera Drake" un nuevo duelo ético, tras "La Dama de Honor", porque narra la historia de una señora perfectamente normal y buena gente que en sus ratos libres practicaba abortos. Suponía que sería una película oscura, espesa, sobre la zona gris de la moral. La frase promocional es  "Madre. Esposa. Asesina".
Sin embargo, la posición en contra del aborto está tan mal defendida (apenas tres frases del hijo mayor, que quiere demasiado a su madre como para decirle lo que piensa tan duramente como querría; y de la cuñada, que es el personaje más antipático de la película), y se empatiza tanto con Vera Drake, que la película se ve reducida a un dramón sobre alguien muy bueno a quien le pasa algo muy malo.
Además, me ha parecido que las tramas secundarias —como la relación entre el marido y su cuñado, o su bendito yerno— están muy poco desarrolladas, que la película se centra demasiado en Vera.

Por otra parte, es impresionante ver cómo a Imelda Staunton se le cae el mundo a los pies al darse cuenta de que le ha arruinado la comida de navidad a su familia, cómo la destroza el hecho de que una de las chicas a las que "ayudaba" (en inglés usan el phasal "help out"; es incluso gráfico) estuviese a punto de morir, el miedo que siente con el sonido de la maza del juez, cayendo tras dictar éste la sentencia de la fianza...
Uno se pasa dos horas mirándola actuar embobado, mientras se le van cansando la vista sin que se dé cuenta. Y al final de la película, sin asomo de duda moral, se nota los ojos llenos de lágrimas.

"Kitchen stories"

"Kitchen Stories" es una gozada.

Esta tendría que ser la conclusión final del texto,  pero he preferido colocarla al principio porque es lo más importante que voy a decir (salvo ataque de inspiración, poco probable). Una vez he dejado clara esta idea, vuelvo sobre mis pasos al que debería ser el principio del texto:
Existen algunas películas (por ejemplo las de Aki Kaurismäki, de quien recomiendo "Un hombre sin pasado"), que carecen de conflicto, transcurren en no más de un par de escenarios, presentan personajes sencillos y el diálogo es escaso.
Están a puntito de ser un desastre, sentadas en el límite de un acantilado, mirando al monstruo del fracaso a los ojos. Y sonríen.

Y nosotros sonreímos de manera simpática, por contagio, porque estamos viendo algo supuestamente gracioso que no acabamos de entender. El juego que plantean es un equilibrio complicadísimo, porque si dan exactamente lo que prometen son un auténtico coñazo (como "Whisky", que huele a naftalina); pero a veces se pasan un poco, o se quedan cortos en su equilibrio, y se convierten en mi tipo de película favorito.
En fin; "Kitchen Stories" nos lleva a un pequeño pueblo de Noruega, donde la eminente Sociedad Nacional Sueca de Ciencia Doméstica (Escrito Así, Con Muchas Mayúsculas) va a realizar un estudio sobre los movimientos de los hombres solteros noruegos en la cocina, a fin de optimizar esfuerzos, racionalizar recursos y, con la necesaria experiencia empírica, implementar una reorganización del mobiliario de las habitaciones. Sinergia.
(Aclaro que la palabra sinergia sobra completamente, pero me parecía que un párrafo de charlatanería empresarial quedaba cojo sin mencionarla. Continuemos, en todo caso).
Para tal fin, quince observadores suecos (iguales) viajan a Noruega en sus quince coches iguales, arrastrando sus quince caravanas iguales, dispuestos a la labor de anotar meticulosamente, sentados en sillas de umpire, los movimientos en la cocina de quince solteros noruegos que se presentaron voluntarios al experimento.
No pueden entrar en ninguna otra habitación de la casa que no sea la cocina para no inmiscuirse en la vida del sujeto, pero tienen que poder entrar en ella en cualquier momento para llevar a cabo el experimento con libertad, aunque es imperativo que hagan su vida en la caravana, a fin de no interferir en la objetividad del mismo, y por ese motivo tampoco, bajo ningún concepto, pueden hablar con los objetos a estudio. 
Evidentemente, de esa lista de restricciones a las borracheras, las discusiones sobre energía nuclear y patatas, o la importancia mercantil de la pimienta, y uma la sinergia en general, hay sólo un paso.

"Las tortugas también vuelan"


Habitualmente, las películas iraníes o irakíes son pseudo-documentales que cumplen una función de denuncia de injusticias, pero que no sirven para otra cosa que asustarse, o conmoverse, o cargarse de razón, y no tienen entidad como películas.
Hasta ahora, había supuesto que tenía cierto sentido, que la preocupación por los diálogos, la fotografía y esos conceptos estilísticos es propia de... en fin, de sociedades más acomodadas, no sé cómo decirlo de una manera políticamente correcta.
Sin embargo, "Las tortugas..." me ha demostrado que estaba equivocado, al menos al generalizar. Porque ésta tiene un gran argumento, cuenta una historia que trasciende al contexto en el que se sitúa, y la cuenta bien: se articula en torno a una chica que tiene que convivir con su hijo bastardo, producto de una violación, y que supera esa carga con enorme rabia y tristeza, huyendo del mundo y de todos los que pretenden ayudarla.
Narra también las historias de dos héroes inesperados, que tienen que asumir responsabilidades que no deberían corresponderles a ellos, y trata, en definitiva, de la dignidad en la lucha contra un mundo adverso.
La crítica existe, pero no tiene especial relevancia: no está presente en discursos panfletarios, no se muestran imágenes de gran crueldad... Aparece de una manera más subterránea, pero demoledora: todos los protagonistas son niños, con miedos de niños, y lloros y bromas de niños, moviéndose entre restos de tanques vacíos, minas olvidadas, y casquillos de balas disparados entre adultos, adultos que ya no están.

"La dama de honor"


Cuando volvíamos del cine, mi padre empezó a exponerme una idea suya, explicándose tan mal como pudo (en eso nos parecemos): piensa que hay películas que te hacen mejor, y películas, o libros, o historias, que te vuelven peor. (Bueno, la idea no era tan simple, pero ya digo que me suelo explicar mal). El caso es que cuando sales del cine de ver "La dama de honor" estás más asqueado de la vida, más temeroso, más desconfiado.
A la película, basada en una novela de Ruth Rendell, se le nota la herencia directa de Patricia Highsmith, sobre todo en su intención (lograda) de perturbar, de hacer entrar la amoralidad del criminal por una rendija cualquiera de la vida cotidiana.
La película narra la relación entre un jove formal, trabajador, responsable hermano mayor, con una extraña chica (magnética Laura Smet, más guapa a cada plano que pasa).
Él la deja hablar mientras la observa, la deja mecerlo, hipnotizarlo, va simpre un paso por detrás. Por eso cuando ella le pide que mate a alguien como muestra de amor lo deja tan turbado. Tan turbado como a nosotros, que la hemos observado mientras hablaba, que le hemos dejado mecernos, hipnotizarnos, que fuimos siempre un paso por detrás.


"Whisky"


"Whisky" es un armario que lleva cerrado mucho tiempo. Huele a viejo, a naftalina y a humedad. Es una película triste, es una fábrica destartalada, un coche que no arranca y un hombre amargado. No me gusta.

Me duele la cabeza

Son las tres de la mañana y pese a llevar cuatro horas en la cama no logro dormir. Estoy tumbado, con los brazos pegados al cuerpo, las piernas estiradas, a oscuras, y me duele mucho la cabeza.
Tengo siempre en la mesilla una botella de plástico de un litro, que relleno más o menos cada dos días con agua fresca. Me la apoyo en la frente, la dejo quieta, separo la mano, y, como se sostiene, vuelvo a colocar el brazo donde lo tenía.
Estoy, por tanto, tumbado boca arriba en la cama cuan largo soy, los brazos extendidos a lo largo del cuerpo, muy quieto, y con una botella fría apoyada en la frente, pese a lo cual no se me calma el dolor.
Ayer hice el último examen de septiembre y resultó ser un fracaso, pero como si no me importara en absoluto, hoy he ido a la Trama y me he gastado treinta euros en dos libros, dos libros cualquiera que no me van a cambiar la vida, ni me van a hacer mejor persona, ni responden a ninguna necesidad específica (ni tienen nada que ver con mi carrera, excuso mencionarlo). Me he tumbado en la cama a las once, y me he puesto a leer uno de ellos, un libro japonés, imaginaos qué lejos me queda. Y ahora me duele la cabeza.
El frío no parece surtir efecto. No me hace absolutamente nada. Giro la cabeza con la mayor violencia posible, y la botella se acaba cayendo al suelo. Pienso en la posibilidad de que ahora mismo, por el golpe, se haya movido el tapón y un reguero constante de agua esté mojando la alfombra y el piso de madera.
Me muevo en la cama, me acurruco de lado.

"Hierro 3"


"Hierro 3" es una película silenciosa. Una película de actos, de gestos, de sonrisas muy escondidas. De gente callada.
Por explicar la historia, os digo que él entra en casas vacías no para robar, sino para dormir en ellas, ver la televisión y jugar un poco a inventarse otra vida. Como compensación, intenta reparar cualquier cosa que vea estropeada, recoge, riega las plantas o lava a mano la ropa.
Ella, por su parte, vive en una de esas casas vacías. Y no la llena, no hace que deje de estar vacía. Es casi una sombra de chica, callada, inexpresiva, muy triste, muy poca cosa. Él, que vive de no ser visto, de no existir tampoco, se compadece de ella y se enamora.
Para estar con ella, que es una sombra, el protagonista acaba asumiendo la decisión de convertirse en un fantasma, un susurro de ropa rozándose, un leve sonido de pasos, una sombra él tambien. Acaso un enamorado que sólo se muestra a su amada, acaso una historia de amor oculto, o acaso sólo un sueño en la mente de la chica. Quién sabe.

Vila-Matas: Recuerdo


Me ha visitado un recuerdo de Vila-Matas a punto de inventarse a Montano.
Ha sido extraño porque no creo que distinga fisicamente a Vila-Matas, y de hecho a quien vi fue a una mujer joven, de pelo corto mojado, vestida con camisa blanca y una corbata fina de color negro, igual que el cinturón, y unos pantalones bombachos que dejaban ver sus tobillos por encima de los zapatos bajos. Destacaban, sin embargo, y por encima de todo, sus ojos de lascivia y rabia, sus dientes mordiendo el cigarrillo, y sus orejas puntiagudas.
Quizá por sus orejas he sabido de un vistazo que ella era Vila-Matas, imaginando que tenía un hijo enfermo de literatura, y he comprendido por ello tanto la ira como la determinación que se le nota en los ojos.
Ha sido extraño porque lo que vi fue simplemente la "Mujer de un pintor", de August Sander, portada del Mal de Montano, y me he quedado mirando la foto hasta que estuve seguro de que ya no lo molestaría.
De hecho, fue él el primero que me habló:
- ¿Montano?- preguntó, despistado- ¿Eres Montano?
- No, soy Vila-Matas- le contesté. Pero él no me hizo caso, y siguió hablando: No puedes ser Montano. Soy tu padre y no te dejo ser así. Y tampoco te dejo ser Vila-Matas. ¿Quién soy yo, si no?
- Te dejo ser quien quieras, te dejo ser Hemingway, o Walser, o, si no te molesta, podrías ser Rosario Girondo una vez más. Entonces no serías mi padre, sino mi madre...
- ¿Qué pretendes, Vila-Matas: imitarme, sustituírme, citarme...?
- Pretendo traicionarte constantemente hablando de mi angustia de escritor, de que el boli me tiembla en la mano y en ocasiones las palabras confabulan para atacarme. Y quiero vampirizarte, si no te importa que use esa palabra.
- Bueno, supongo que es justo...

Comida fóra (... e II)


Cando volvemos de comer, encontramos a un vello sentado nun sillón, na mitade e mitade da acera. Xa o teño visto máis veces.


Acabamos, sabe Dios por qué, falando da palabra lobotomía.
Meu pai sostén que tén que ver cos lobos (é de ciencias, que lle vamos facer). Eu dudo entre que teña que ver coa cabeza (algún tipo de operación sádica e siniestra que se lle practica ós tolos pa que non molesten), ou coa boca (algo me sonaba de que tiña que ver, bueno, coa capacidad da fala, ou algo así)
- A verdad é que, ahora que o dices, sónanme as dúas...
- A miña opción non a contemplas, ¿non?. Porque podíamos facer un trato: cámbioche mitad do lobo por mitad do cerebro. Desa maneira teremos razón a medias os dous...
- A túa opción non a contemplo. Pero véndoche por un euro a capacidade da fala
- Como sigas así non vai haber trato.
- A ti o que che pasa é que te acabas de dar conta de quea lobotomía é a operación esa, máis ou menos, que lle facían a Jack Nicholson ó final de Alguien voló sobre el nido del cuco
Meu pai sonríe. "Cándo coño viches tu esa película"-dice. E eu sonrío e penso que xa está todo dito, aínda que non tou seguro, así que non sigo falando por si acaso.


Cando chegamos á casa, miña mai tira de enciclopedia:
LOBOTOMÍA:f Intervención neuroquirúrgica consistente en seccionar parte de las fibras nerviosas de un lóbulo cerebral, aplicada en enfermos mentales.
Tamén se lle aparecen, navegando un pouco unhos parágrafos máis aló, dúas palabras que me anoto mentalmente nunha tira de papel que me cosín no interior do bolsillo do meu pantalón:


logorrea e logomaquia



dúas palabras para grabarse. Ahí volas deixo

Comida fóra (I...)


No bar Cotá dan comidas. Especialidade en callos. Según nos dixo meu pai, o que empezou a cociñalos foi o seu seu dono de toda a vida, un home vello e serio, que mantiña apenas o bar dando de comer ós labradores que viñan á ciudad, máis ou menos unha vez por semana, e os días de festa, polos callos, pero sobre todo porque era barato. O caso é que foi collendo sona, e as putas do barrio chino, que queda mui cerca, empezaron a frecuentalo.

O home serio e mustio, pouco a pouco, a base de telas todo o día metidas no bar, empezou xa non sólo a perder ós seus clientes habituales, sinón tamén a collerlles afición ás boas das putas, nas que, polo que perece, cada día gastaba máis diñeiro...
Bueno, para qué seguir, tuvo que acabar vendendo o bar. Ahora é un putero, un borracho e un desfeito social, pero xa non é nin mustio, nin serio, nin tan vello siquiera.
Os seus donos actuales conservan da etapa anterior unha maneira rural de face-las cousas: cuchillos con mango de pau, viño da casa servido en xarras, carne ó caldeiro, café de pucheiro ós postres. A xente vai alí, máis que a comer, a intentar recordar as comidas na súa aldea, a sentirse campechano, comer a empanada coas mans, falar gallego, e, en fin, regresar ás súas orígenes... Cando entramos, un home calquera saluda efusivamente a meu pai (¡Que aproveite, Ramalleira!), e el responde rápido, pero eu, que o conozo, noto que non tén nin idea de quén é. Eso é o ejemplo do ambiente do bar.
Hoxe había, aparte dese home, tres familias normales, mui claramente definidas (unha parexa vella; a abuela, os pais e a neta; unha parexa nova). Tamén había catro personas sentadas á misma mesa; sobre estas tuvemos un debate, porque había unha parexa de cincuenta anos, acompañados por un rapaz e unha rapaza de unhos trinta ano: miña mai dicía que eran irmaos, porque el se parecía a seu pai, e ela a súa mai, pero fixéronse unha carantoña, é déronse un chucho. Incesto?
Tamén había un grupo de amigos que parecían borrachos antes do primeiro vaso de viño... Pero estoume desviando: o que quería conter é que tamén había unha parexa de pijos cuarentós, destes que non son capaces de aceptar que o tempo pasa: ela quedárase estancada nos vinte: roupa de U de colores chillóns, moreno, pelo castaño teñído de rubio; el, na adolescencia: pásase toda a comida facéndolle bromas ó seu fillo,pedíndolle que lle encenda os cigarros, queimando palillos e alambres, e papeles (extraña obsesión que lle está traspasando ó seu fillo: ós postres sorpréndeo intentando queimar o mango de madeira do cuchillo).
A muller, como boa veinteañera, compórtase coma unha irmá maior do seu marido adolescente, e está lonxe de comportarse coma unha mai co seu fillo. O fillo berra muito. Súbese cos pés á mesa, arma muito escándalo e berra muito, pero seus pais non lle dicen nada, aplauden as súas tonterías e pouco máis.
Quen tamén berra muito é o meu veciño. É unha persona violenta, que está enemistada con toda a comunidad, porque, desde que chegou, amenaza con pleitos, chilla nas reunións, presume de coche e de sueldo...
O meu veciño berra muito. Ontes cando taba escribindo, aqui no ordenador, tan tranquilo, sobresaltáronme gritos destemplados: "¡Hijo de puta! ¡Rastrero cobarde! ¡Hijo de puta, sube si tienes huevos, no te escondas!..." O seu pai era un mineiro asturiano que acabou na cárcel despois de matar a un home, e a súa mai, unha extremeña, simpática, que, pobriña, sabe Dios qué pinta nesa famillia.
Nada tan distinto a eles coma un cuarentón imbécil e presumido que se peina con gomina para oculta-la alopecia e unha mai pija. Sin embargo, mentras o neno sigue berrando, e saltando e en general jodéndome a comida, sonrío e mentalmente dígolle: "Téñote calado. Acábote de ver: sei como vas a ser dentro de cuarenta anos"

Vila-Matas: Sesiones de diván

Hay algunas noches en las que las paredes de mi habitación en Rialta se me caen encima y tengo que escapar y acabo delante de la puerta de Lucía.
Y le pido, por favor, que me deje pasar. Prometo no hablarle de Joyce y no volver a frecuentar la Shakespeare & co., prometo sólo hablarle de mí, de un escritor canoso, cansado y con barba que, como Rimbaud, quería beber licores fuertes como metales fundidos. Prometo necesitarte y sí, una rosa es una rosa es una rosa, pero déjame entrar, por favor. 
Se hace a un lado y me deja hablar durante horas, pelearme y cansarme, y cortarme los dedos con el sedal, y sentirme, en definitiva, un viejo pescador con un gran pez. 
Voy notando que cada vez pesa menos, que cada vez tira menos; la lucha se amaina, y, mientras todavía contemplo su piel brillante, empiezo a comprender que dentro de mi gran pez no hay nada, que está vacío como las cosas sin sentido; gracias a Lucía, sin necesidad de un tiburón, comprendo que nunca existió y me vuelvo tranquilo a mi habitación, arrastrando no el esqueleto del pez que nunca hubo sino la piel, la brillante imagen de escritor torturado y asocial. 
Y me siento tan feliz y simple, la brisa del océano baña mi rostro y paso deseos de soltar mi carga, pero me entra el miedo, y temo que entonces no seré más que un estudiante solitario de Caminos en un bote en el Gulf Stream que hace 84 días que no recoge un solo pez.

Vila-Matas: Un juego

Para empezar en serio de una vez por todas, supongo que tendré que confesarme: veréis, quiero que juguemos a que soy un escritor.
Yo jugaré, aunque sea solo, a verme como un irredento letraherido, un lúcido escritor con algo que decir y con talento para hacerlo. Por ejemplo, en breve planeo reflexionar sobre el estado de la literatura, los topos de Pico, la carretera perdida, Nosferatu, y otros asuntos de interés.
A ver si lo explico bien: no voy a ser un escritor cualquiera, jugaré a que soy Vila-Matas. (¿Que no lo conocéis? Mejor, no lo hagáis: soy egoista y lo quiero para mí solo). Os contaré de vez en cuando mis anécdotas de joven aspirante a escritor viviendo una vida bohemia, y quizás consiga confesaros alguna vez, en serio y contundentemente, mi mal de Montano y, en fin, trataré de contaros todas las mentiras del mundo para deciros la verdad.
Más que un juego, para mí esto representa un desafío. Quizáis lo entendáis si abro al azar algún libro de Vila-Matas y os leo algo en voz alta. Por ejemplo:
"A comienzos del siglo XXI, como si mis pasos llevaran el ritmo de los conjuradosde la muralla china, noto el frío habitual de estas horas y de esta época en esta casa y me enciendo la estufa y me cubro los hombros con un chal y deambulo mentalmente con los ojos cerrados y me pregunto qué llevo en mí de desconocido. Estoy en mi casa, pero también en una carretera perdida. Con mis hogareños jarrones, pero frente al abismo. Llamadme Walser"
¿Comprendéis ahora contra quién compito?
Por vuestra parte, si estáis ahí, si tenéis ganas, también para vosotros hay un desafío que podréis aceptar. Os pido que me creáis y me déis la razón como a un loco, os pido que me admiréis en secreto, y que, desde vuestra casa, me acompañéis a las carreteras perdidas donde da el sol todo el día.... y ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que os pido que me dejéis jugar y chapotear en el agua aquí en la orilla, donde estoy lejos de peligro y no molesto a nadie, para que así pueda seguir pareciendo ahí fuera la persona normal que todos sabéis que soy.
Acabo de traicionar a Vila-Matas invocando la angustia del escritor, pero le prometo mentalmente que es la última vez. Sólo quería dejar esto claro.
Los que habéis llegado hasta este párrafo, mojados hasta las rodillas, todavía no tendréis muy claro cómo quiero que juguéis a mi juego, qué tenéis, por ejemplo, que hacer, la próxima vez que me veáis...
Me acuerdo de Gombrowicz: "Si queréis expresar que os gustó mi obra, tocad sencillamente, al verme, vuestra oreja derecha". También de Kafka, en una carta a Max Brod: "No debes decir que me comprendes".
Bueno, yo lo dejo a vuestra elección. Aunque también es cierto que una parte de mí, supongo que será la vanidad, está deseando acabar este texto con una frase: "Llamadme Vila-Matas"
- Llamadme Vila-Matas

"El señor Ibrahim y las flores del Corán"


¿La conocéis? Es una pelicula pequeñita, francesa, del año pasado. Narra la amistad de un chaval judío y más o menos huérfano con un viejo tendero árabe, el señor Ibrahim del título.
Bien, digo que es sencilla y cercana, y lo digo teniendo en cuenta que eso, para mí es tanto bueno (pues provoca sencillas y cercanas sonrisas de complicidad con mucha facilidad, sobre todo cuendo se centra en el pequeño intramundo del barrio), como malo, porque al fin y al cabo no cuenta ninguna gran historia, ninguna gran hazaña, y además, en mi caso, la película falla en su intención de que me crea el último viaje a Turquía como un viaje iniciático, como un trásito hacia la madurez, o algo así... Como es el final, la pelicula se me queda con este regusto, se me queda truncada, perdida en un territorio intermedio.
Está basada en un libro, que creo que se llama igual, y que imagino largo, denso y maravilloso, y creo es una adaptación buena pero incompleta, supongo que había que ajustar al tiempo de la película: chirrian algunas conversaciones, faltan algunas explicaciones.
Podría seguir sacándole defectos, soy bueno es esto, puedo ser muy puntilloso cuando quiero. Pero la verdad es que os la recomiendo, que me gustaría que la viese todo el mundo, así que ahora, si me permitís el truco, voy a hablaros bien de ella para que os quedéis... con un buen regusto
Puedo deciros que me encantaría conocer al señor Ibrahim, y dejarle hablar y explicarme su Corán. Y a las prostitutas. Y me encantaría conducir el coche que conducen, vivir en el barrio que viven, oír la música que oyen, hacer el viaje que hacen (no es un viaje hacia la madurez, pero ¿eso que me importa?). En definitiva, que les tengo envidia a los protagonistas, porque los veo mucho más sabios, más felices e incluso mejores personas que yo
Me quedo, de toda la película, con un juego:
Momo lleva los ojos vendados y el señor Ibrahim lo va guiando por Estambul, entrando en diferentes templos:
- Huele... ¡a incienso!
- Muy bien, Momo, tienes razón: es un templo ortodoxo
¿Y ahora? Dime a que te huele ahora
- A cera
- Sí, claro que huele a cera: estamos en una iglesia católica
Y dime, Momo, ahora, ¿que notas?
-¡Qué asco, huele a pies!